atmósfera

Las capas gaseosas exteriores de un cuerpo celeste, se trate de un planeta, un satélite o una estrella. La atmósfera permanece vinculada a su cuerpo celeste por confinamiento gravitatorio: la tendencia natural de las moléculas gaseosas a difundirse por el espacio queda contrarrestada por la atracción gravitatoria del cuerpo celeste. De ese modo se alcanza un estado de equilibrio en el que la atmósfera se vuelve más densa a medida que se profundiza en ella en dirección al astro. También, de manera general, se aprecia una tendencia al aumento de temperatura al incrementarse la profundidad. Las atmósferas inducen marcas características en los espectros de la luz reflejada o emitida por los cuerpos celestes. Esto permite analizar su composición a partir del estudio de la luz. En el caso de los planetas gaseosos o de las estrellas, cuerpos compuestos de gas, se establece una frontera arbitaria para definir qué capas externas constituyen la atmósfera. Este límite se suele colocar en la profundidad a la que el gas se vuelve esencialmente opaco a la luz visible.

Responsable: David Galadí-Enríquez